El siguiente relato ocurrió una noche de septiembre de hace tres años, mi novia por aquellos entonces, Ana, tenía un hermano, Jorge, y este una novia, Rocío, los cuatro solíamos salir e ir a todos lados juntos. Por esa fecha, decidimos alquilar dos pisos en la playa, en El Portil, era el final de la época estival y nos resultó más económico. Cogimos dos apartamentos juntos, pared con pared, nuestras terrazas estaban unidas. Yo estaba de vacaciones ese mes, mi novia y su hermano trabajaban en la empresa familiar, e iban y venían a Huelva, Rocío no trabajaba, era estudiante.
Un viernes, mi novia me llamó para decirme que iban a llegar tarde, ella y su hermano, pues por razones de trabajo tenían que ir a Sevilla, y que después ya cenarían allí, que pensaba que en el El Portil estaría sobre las dos de la madrugada. Cuando colgué era la once de la noche, fui a casa de Rocío y cenamos juntos, viendo la televisión, hasta que a las doce y media me fui a mi apartamento. Así me dispuse a esperar a Ana, no sabía que hacer, estaba aburrido, en la televisión no había nada.
Mientras esperaba a que llegara la hora, me asomé a la terraza. Observé un rato el cielo, la plaza de la calle, y finalmente la terraza de Rocío a ver si estaba y conversábamos un poco, pero no había nadie allí, me asomé al muro a ver si la veía y pude ver aparte de su terraza, parte del salón, se observaba luz en el salón, pero no había nadie, así que cogí el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono, sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tenía en la terraza y volví a mirar, el inalámbrico estaba, pero ella no lo cogía, hasta que mi posible futura cuñada salió en ese momento, me quedé sorprendido, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir las braguitas también blanca, estaba muy bien, con su pelo castaño recogido, su cara no muy guapa pero si morbosa, su medianos pechos marcados en la camiseta, con su esbelta figura, con su mediana estatura, y su culito respingón dentro de sus braguitas.