Sadomaso

Historias x de sadomaso extremo.

La siesta

Me recosté un rato, vestida. Es raro que necesite hacerlo a la siesta, pero estaba muy cansada del viaje y necesitaba juntar fuerzas para la doble función de la noche. Me dormí profundamente…

Te quedan muy lindos los mexicanos, oí que una voz conocida y excitante me decía al oído (tenía puestos esos pantalones de terciopelo negro con franjas floreadas a los costados…) Entre dormida reaccioné… Sentí un cuerpo muy pegado a mi espalda. Un cuerpo que de sólo sentir me estremeció de placer.

No me di vuelta. Sabía quién estaba ahí. Me entregué a esa sensación, a esas manos que comenzaron a recorrer mi cuerpo vestido, pero terriblemente sensible. Por mis suaves “mexicanos” de terciopelo elastizado sus manos no cesaban de fluir, hasta que llegaron a mi entrepierna y sentí cómo en mi interior una cálida humedad iba abriendo paso a un sin fin de sensaciones irrefrenables.

Comencé a moverme sin control. Sus manos siguieron recorriendo mi cuerpo. A través de mi polera negra de lycra mis pezones comenzaron a marcarse, deseosos de sentir sus dedos apretándolos, estirándolos. Así pasó…

Se colocó sobre mí, y comenzó a dedicarse a ellos con total desenfreno mientras sentí su pija enorme a través del pantalón…Los dos nos movíamos acompasados, totalmente pegados, sintiendo cada milímetro de nuestros cuerpos deseosos de despojarse de las vestimentas… No hace falta explicar cómo estaban mis pezones y mi concha a esta altura. Siempre me excitó mucho que él me acariciara a través de la ropa. Eso me calentaba demasiado y me hacía disfrutar aún más el momento de la liberación de ella.

Una nueva tarde

Una nueva tarde, una nueva sesión, ¿qué me esperaba esta vez?, como siempre no tenía demasiada información de lo que pasaría. Para la ocasión llevaba un vestido playero, de esos que se abrochan por delante y braguitas. Llegamos a la puerta de los apartamentos donde habíamos quedado con el otro Amo, mi Amo llamó al telefonillo y se abrió la puerta, sin ninguna pregunta, ninguna voz. Fuimos directamente al ascensor y subimos hasta la sexta planta y salimos, un largo pasillo con puertas a ambos lados se abría ante nosotros, no se veía nadie en el.

Mi Amo sacó el antifaz y me lo hizo poner, a partir de ese momento estaba en sus manos, me guió por el pasillo hasta que supuse estariamos delante de una puerta. Entonces sentí las manos de mi Amo deslizarse por debajo del vestido y sin ningun miramiento me bajó las bragas, me hizo levantar las piernas y me las quitó del todo. Pero no había acabado aquí, sentí como, desde detrás, me descordaba los botones del vestido. Intenté protestar, pero él me indicó que ya conocía las normas y que desde el momento en que habíamos salido del ascensor le pertenecía completamente. Asi que calle y me dejé hacer.

Inmediatamente el vestido quedó completamente desabrochado, pero además, me lo quitó completamente dejándome completamente desnuda en aquel pasillo, a la vista de cualquiera que pudiera pasar en aquel momento. Estaba muerta de vergüenza y más cuando ató mis manos a mi espalda, solo entonces llamó a la puerta. Parecía que la puerta no se abría nunca, hasta que escuché como lo hacía, mi Amo me empujó suavemente hacia dentro, di un par de pasos y unos dedos se aferraron a mis pezones, tirando de ellos, para acabar de hacerme entrar.

El laberinto del sexo

Su relación es de bdsm suave y erótico rozando el vainilla, espero que os guste. Su físico no es importante ya que en el bdsm cuentan más las sensaciones y situaciones ,una sumisa es un tesoro ya tenga 40 o 20 años, pero si quieren hacerse una idea, él es un amo de 30 años, apuesto, bello pero fuerte, y ella es una muchacha en último año de carrera, por ejemplo.

Comienza…Uno de mis primero relatos más sensual que sexual…

En algún lugar de Valencia.

-Querida gatita ¿sabes a donde te he traído vendada?

El amo le quita la venda, y la besa.

- Estamos en el campo Amo, hay muchos setos, respondió rápidamente ella, aun estando algo confusa por la situación. -Error, estamos en una de tus fantasías, estamos en un laberinto verde, lleno de setos, en el cual hay cuatro salidas, y tú y yo nos encontramos listos para una sesión, ya que hoy es un día especial ¿Verdad? La cuestión es que dentro de 60 minutos esto tendrá que acabar, y ya que estamos en un jardín de la ciudad de Valencia, te propongo un juego de sexo público, esto es todo lo que puedo decir, dime, ¿quieres o no quieres jugar? -Amo, no se….Esto es…-Susana, te doy mi palabra de amo que no pasara nada mientras sigas las normas, además fuiste tú la que me pidió hacer sexo público, dijiste que era excitante.-Pero y si viene gente y… – Tienes tiempo de sobra, la cuestión es, ¿confías en mi o no? -Si Amo, lo haré. (¿Ella se somete voluntariamente? o, ¿es el morbo lo que la obliga?) -Bueno pues, desnúdate ahora.

Iniciándome en el BDSM

Hacía muchos años que no veía a mis compañeros de curso en la facultad. Desde que terminamos la carrera no nos habíamos visto la mayoría. Era una ocasión de recordar viejos tiempos y de recuperar alguna amistad. Tenía ganas de ver cómo habían cambiado las caras y el estatus social de todos ellos. Ahora somos profesionales, algunos, de mucho éxito.

Hasta ese momento me consideraba una persona normal. A mis 38 años de edad me encontraba con fuerzas como para comerme el mundo. Mi estatura es de 1,78 cm y mi peso de 75 Kg. Moreno de pelo, pero con algunas canas que iban dando a mi rostro un tono de madurez. Permanecía soltero hasta ese momento y tanto mi vida profesional, social y personal transcurrían por los cauces del éxito. En resumen, me sentía bien.

Después de asistir a los saludos por parte del actual Decano de la Facultad y de cumplir con la visita guiada a los diferentes departamentos tuvimos una misa, después de la cual, se sirvió un vino español. En ese momento tuve ocasión para hablar con muchos de mis compañeros y poco a poco se fue creando un ambiente distendido y cordial que provocó el que al final quedáramos a cenar un numeroso grupo, ese mismo día.

La cena transcurrió como era de esperar, con alegría. Al final, cuando ya habíamos bebido bastante recibimos la visita de la tuna, que terminó por hacernos cantar a todos entre abrazos. Poco a poco se fue marchando la gente y quedamos los solteros que, como siempre, éramos los que no teníamos a quién rendir cuentas. Nos decidimos por ir a bailar a un local próximo y cuando nos echaron de él ya no había nada abierto. Fue cuando les ofrecí ir a mi casa a echar la última copa. Aprovecho las ocasiones que se me presentan para intimar con alguna mujer y si puedo la llevo a la cama.

Mi marido me es infiel pero…

Cuando Ronal, mi marido una noche me llamó, diciéndome que su auto se había accidentado, mientras se dirigía a ver a un cliente, en otra ciudad y que por eso no llegaría a casa, hasta el siguiente día. Por su tono de voz, supe que no me estaba diciendo toda la verdad, e inexplicablemente comencé a sentir una extraña sensación de gran alegría dentro de mí, claro que no se lo dije.

Un noche en su casa

La oscuridad y el silencio era absoluto, no era una situación que me extrañara ya la había disfrutado en otras ocasiones, pero en esta se estaba prolongando más de lo habitual. La venda negra que cubría mis ojos me impedía ver a mi alrededor. El cinturón de mi bata de seda ligaba mis muñecas e impedía la tentación de quitarme la venda.

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