Maduras

Las vivencias más cachondas, porno casero con maduras.

Con la profe en el vestuario

¿Nunca te lo has montado con un profesor/a tuyo? La verdad es que ese ha sido uno de mis mayores deseos... en el colegio de Barcelona donde en ese entonces estudiaba, siempre me había gustado espiar a las chicas, aunque nunca pensé que me atrevería a hacerlo con una profesora, pero debo confesar que la profesora de mi clase de educación física era increíble... tenía un cuerpazo digno de escultura... rubia, 35 años, con unas tetas firmes, alrededor de la talla 90, y un culo bestial... cuando hacíamos clases de aerobic siempre me ponía detrás de ella y no le quitaba la vista de encima mientras bailábamos todos siguiendo sus pasos.

Lo curioso es que la pared en frente de la que bailábamos estaba plagada de espejos, con lo cual incluso podíamos vernos las caras, y recuerdo una ocasión en que el tanga casi sobresalía de sus mallas, de lo ajustada que las llevaba... aquél día me quedé más embobado que nunca contemplando ese precioso culo; tanto rato y tan descaradamente la estuve mirando, que no pudo evitar darse cuenta, y me miró a la cara, a través del espejo, y, por supuesto, vio claramente mis ojos puestos en su culo. Yo reaccioné apartando de allí la vista, pero nuestras miradas se cruzaron, y cuando yo pensaba que la había cagado, ella me sonrió como incitándome a no dejar de mirarla... y continuó bailando con un ritmo y entusiasmo aún mayores...

Desgraciadamente la clase tenía que acabar... y cuando nos íbamos se acercó y me dijo que me había visto muy atento a sus movimientos en clase, que había seguido perfectamente sus pasos, y acercándose poco a poco a mi oído añadió dulcemente que era su mejor alumno (a la vez que yo notaba como rozaba su pecho con mi brazo descubierto); se apartó y me dijo que, puesto que era su última hora del día, ella también se iba a duchar mientras lo hacíamos nosotros, pero en el vestuario de profesores, lógicamente, puntualizando que se lo tomaría con mucha calma debido a lo cansada que estaba.

Viuda de Valencia

La historia que hoy les voy a contar, sucedió el pasado año en el mes de marzo, en plena celebración de las tradicionales fiestas falleras de mi ciudad, Valencia.

Como es tradición en mi grupo de amigos, en esos días de fiesta, siempre quedamos una noche para cenar, y después de la cena, hacer el recorrido por la ciudad para visitar y ver las mejores fallas. Pero como también esta siendo habitual en estas reuniones de amigos, donde asisten los amigos y amigas con sus respectivas mujeres o maridos, resulta que casi siempre aparece alguna amiga, prima, hermana o similar de alguno de los amigos o respectivos y que además resulta ser soltera, separada, divorciada o viuda…, para que el amigo “solitario” no esté solo… y si encima sale algo, mejor. Pues así ocurrió, que en la noche del viernes 17 de marzo quedamos en un restaurante que teníamos reservado las seis parejas de amigos, a los que yo me sumaba, y donde también vino Victoria, compañera de trabajo de la mujer de uno de los amigos.

Victoria era también viuda, de 47 años, y estaba algo llenita, de mediana estatura, y una media melena de color castaño tirando a rubio. Si destacaba por algo, además de sus algunos quilitos de más, más o menos bien repartidos todo sea dicho, era su indumentaria totalmente negra (era viuda, claro). La cena transcurrió con la normalidad de las cenas de amigos, con sus charlas, comentarios y evidentemente mi lugar estaba junto al de Victoria, por lo que estábamos obligados a hablarnos y conocernos algo mejor. Me comentó que era viuda desde hacía 5 años, que desde entonces siempre vestía de negro, en parte porque otros colores no le favorecían mucho, y disimulaba algo su ligero sobrepeso, además del luto que guardaba en memoria de su marido. Había dejado a sus hijos con los abuelos para poder tener plena libertad de movimientos en la noche, y así pues disfrutar de la noche fallera. Decir que la fiesta de las fallas se vive en la calle y siempre hay movimiento de gente y ambiente festivo en las calles de la ciudad.

Mi tutora de lengua

Todo empezó hace 2 años, cuando yo tenía 18, en aquella época yo estaba estudiando en un colegio de la ciudad, donde no había mucha gente, no por ser malo, sino porque no era demasiado conocido.

En ese colegio había clases de apoyo, a las cuales yo debía ir, ya que no era muy buen estudiante, tenía clases de “técnicas de estudio” (estamos hablando del mes de enero-febrero) éstas me las daba la profesora de Lenguaje, a la cual llamaremos “laura” voy a describirla:

Laura tenía 35 años, era de estatura media, un poco bajita, tenía unos buenos pechos muy bonitos, y unos ojos verdes azulados, realmente preciosos, era tremendamente coqueta y siempre vestía con ropa de marca, todos los días traía un conjunto completamente distinto al del día anterior, y cada dos semanas aproximadamente, un nuevo peinado. Bueno, después de la explicación de cómo es ella, seguiré con el relato.

La clase de “técnicas de estudio”, era optativa, y suplantaba a la hora de deporte, así que como podréis imaginar había poca gente (concretamente dos personas) mi amiga Marta y yo, ésta estuvo enferma 2 semanas más o menos( durante Febrero), gracias a ello yo tenía la oportunidad de mejorar mi relación con Laura e intentar llegar a algo más con ella, los primeros acercamientos sucedieron durante el primer trimestre, muchos días durante el recreo aprovechaba para hablar con ella de distintos temas, y cuando estábamos en la biblioteca porque yo tenía que hacer un trabajo o cualquier otra cosa, aprovechaba para hablar con ella de cualquier cosa, daba igual el motivo, a veces llegábamos a hablar de algunas cosas con una carga erótica importante, sobre como le gustaban los chicos.. (Obviamente había que cimentar la relación antes de atacar, ya que me podía buscar un auténtico problema de dimensiones inimaginables si intentaba algo con ella y no me dejaba).

Casada y con calentura

Mi nombre es Amanda, soy una mujer madurita, sexy, tengo 42 años, soy una mujer casada, tengo un esposo que me atiende bien no me puedo quejar, por eso es que me extraña que me haya ocurrido lo que voy a contarles, un día vinieron a visitarnos nuevamente una amiga de la infancia con su familia su esposo y su hijo de 22 años llamado Luís Alberto, ellos acostumbraban a venir cada mes con nosotros y nosotros atendíamos a nuestros invitados todo el sábado y domingo, por mala suerte yo tenía que trabajar el lunes, así que mi esposo, que estaba de vacaciones, se ofreció a llevarlos a pasear ese día, yo me fui a mi trabajo y ahí recibí la llamada de mi esposo diciéndome que Luís Alberto no había querido ir con ellos ya que se tenía un poco de gripe y si podía ver como estaba en cuanto regresara de trabajar.

Al llegar a casa fui a verlo, estaba recostado y con un poco de fiebre, así que le traje una pastilla para la calentura y un té, se recostó y se durmió, pasaron unas horas y regresé llevando agua para darle otra pastilla, él estaba dormido, me senté en la orilla de la cama, no sabía si despertarlo a dejarlo dormir, le toqué la frente para saber si aún tenía fiebre, él se movió e inconscientemente, al menos eso pensaba, colocó su mano en mi pierna, al sentir el contacto de su mano no pude evitar estremecerme, me di cuenta de que este muchacho era muy atractivo, no se porque sentí un cosquilleo recorrer mi cuerpo, al notar como sobresalía su “bulto” debajo de la sábana, la levanté para admirarlo mejor, no lo podía creer, ahí estaba yo admirándolo y sintiéndome un tanto excitada, al voltear a verlo me di cuenta de que se estaba haciendo el dormido, su mano apretaba mi pierna, así que me levanté y me fui a mi cuarto, sin saber que pensar, ni que hacer.

Relación entre una vieja y un joven

Soy una señora de 60 años y quiero relatar mi comienzo sexual con un joven, 40 años menor que yo, que me ha llevado a experimentar cosas antes insospechadas… Incitada por un amigo les contaré la primera aventura que tuvimos él y yo. Para empezar me presentaré.

Mi vecina madurita y cachonda

Tenía una vecina de unos 54 años hasta hace un año, que ya había llamado mi atención desde hacía mucho tiempo por lo atractivo de su cuerpo que apenas había conseguido rozar casualmente a la salida del ascensor y que siempre me había parecido muy recatada e incluso tímida.

La madre de mi amigo

Mi colega José, me llamó y me pidió que fuera a su casa, que estaba sólo y que se había echo con una botella de ginebra. Cuando llegué, me invitó a un gin tonic, a las once de la mañana, yo veía como él se los bebía de dos en dos los cubatas. Al final pilló un pedo tremendo, empezó a vomitar, cuando lo echaba en la cama se levantaba una y otra vez, se caía, destrozó todo lo que había a su paso.

La enfermera feliz

Soy una mujer de 33 de edad, soy enfermera y adoro mi trabajo pero a pesar de mi seriedad profesional me encanta ver los pacientes hombres desnudos, especialmente los tipos maduros mayores de 50 y los ancianos. Me vuelve loca y me encanta cuando debo lavar enfermos de esas edades o cuando me toca a mí afeitarlos abajo para alguna operación.

Clienta perfecta

Este relato es 100% real, con lo cual no sé si llegara a ser de vuestro agrado. Soy un chico de 30 años de Madrid, moreno, estatura media (1,77 cm), delgado y dicen que atractivo.

La madre de mi amigo Andres

Soy un chico de 20 años, la misma edad de mi gran amigo Andres, es de una familia de mucho dinero, yo de clase media apenas, en su casa todos, salvo su madre, son de una gran humildad y respeto en el trato, pero la "señora" Claudia es muy soberbia y orgullosa, varias veces nos hizo a menos a los amigos de Andres.

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