Esta historia sucedió cuando mi hermana Rosa empezó a decir que quería independizarse económicamente de mis padres, por lo que se buscó un trabajo en una discoteca de camarera y gogó, el cual estaba excelentemente pagado, ella tendría sobre dieciocho años, mediría sobre 1,70, tenía unos senos hermosos, un cuerpo delicioso, y alguna experiencia sexual. Yo solía ir mucho por allí, tenía mucha confianza con las compañeras de trabajo de ella, pues eran todas chicas, e incluso me llevaba bien con el jefe.
Cuando hablábamos, sus compañeras de discoteca avisaban a Rosa de que no era oro todo lo que relucía allí, que se movían muchas cosas que quizás no aguantaría, que el jefe Rafael se había acostado con muchas de las camareras y gogós que habían pasado por su empresa, y con la que no lo había conseguido le había rescindido el contrato. Mi hermana Rosa repetía hasta la saciedad que ella no haría eso, que preferiría perder el trabajo. Un sábado, el jefe se acercó a mi hermana, y le dijo que iba cerca de donde vivíamos, que si queríamos nos acercaba después de cerrar, ella me lo dijo, y como no teníamos muchas ganas de coger el autobús a las nueve de la mañana que salía, pues aceptamos.
Dieron las ocho y media de la mañana y cerraron puertas, y como siempre empezaron a limpiar, todas las chicas estaban allí limpiando, y el jefe y algunos novios o familiares nos quedamos en la barra tomando la última copa. Estando así, Rafael le dijo a una chica, a Lorena, que se quedara cuando terminaran, para ver unas cosas para la semana pasada, eso me hizo sospechar, porque casualmente era la única chica que no tenía acompañante, ella era morena, un poco más alta que mi hermana, y con un cuerpo también magnifico, como todas las que trabajaban allí.
Llegó el momento en que quedamos dentro de la disco Rafael, Rosa, Lorena y yo, y justo antes de marcharnos de allí, nos colocamos en la barra y nos tomamos un chupito para terminar la noche, ya con esto, todos íbamos bastante contentos. Fuimos al coche y quedamos impresionados ante el BMW espectacular, subimos y cuando arrancó, Rafael nos dijo que si nos tomábamos la última en su casa, para celebrar el ingreso de Rosa en la discoteca, ante las buenas formas, aceptamos, aunque en ese momento los dos pensamos en las cosas que habían contado de él, pero al ir los dos, no sospechábamos mucho.