Fetichismo

Vivencias reales, relatos de fetichismo caliente.

Las pantaletas de mi madrastra

Esta historia sucedió hace algunos días cuando fui a visitar a mi padre. Mi padre se volvió a casar con una mujer menor que él, ahora ella tiene 35 años y cuando la conocí por primera vez tenía un cuerpo que a cualquiera le gustaría comerse. Ahora con el paso de los años no está igual, pero sus nalgas sus pechos siguen estando riquísimos y varias veces han sido inspiradores de mis mejores pajas.

Sus pechos son naturales grandes, redondos y con un pezón extraordinario, pues alguna vez por accidente entré a su habitación y ella estaba cambiándose la pijama, lo cual dejó sus pechos al descubierto; y sus nalgas grandes y redondas, que te invitan a tener sexo anal muchas y muchas veces hasta acabar.

Le gusta vestirse sexy y su ropa interior es sexy también, pues tiene tanguitas y ropa de algodón, que a mí es la que me pone más caliente. Ya hace algunos años, en una casa anterior, que había querido tener alguna de sus prendas íntimas conmigo, y lo había conseguido, pero con una pantaleta limpia, lo cual fue muy excitante, sin embargo yo quería sentir su olor y saber que había tocado zonas muy íntimas.

Increible polvo acuático

Yo soy Cristina. Una chica de 28 años, estatura media, pelo castaño liso, ojos azules y una cara bastante agraciada. Por motivos que no vienen al caso, había descuidado mi peso y estaba a punto de traspasar la frontera entre lo que se considera un tipo normal y una chica rellenita.

Mi aumento de peso, por la acumulación adiposa, se reflejaba en un culo más prominente y unos pechos plenos y rebosantes, que parecían imanes para las miradas de los hombres, pero esa no era la imagen ideal que yo deseaba para mí. Para recuperar mi figura de siempre, sin caer en dietas alimenticias severas, decidí la vía del ejercicio regular, haciendo un poco de footing diario y asistiendo a la piscina dos veces por semana. Era la primera semana que iba a natación y apenas tenía trato con la gente que coincidía conmigo en las primeras horas de la tarde. En principio me había resultaba gratificante poder mejorar mis aptitudes como nadadora y al mismo tiempo mantener la figura.

De momento me había llamado la atención un chico con notable minusvalía en sus extremidades inferiores, lo que le obligaba a desplazarse en silla de ruedas. Se llamaba Fran, aparentaba algo menos de 20 años y habitualmente lo acompañaba una muchacha que dijo ser su hermana, quien le ayudaba a desprenderse del pantalón y a meterse en el agua, desapareciendo después hasta que su hermano terminaba su sesión de ejercicios en el agua.

Lo más probable era que él utilizaba la natación como un ejercicio de rehabilitación de sus piernas y dentro del agua se desenvolvía con relativa agilidad a pesar de su impedimento. Se notaba que disfrutaba al máximo horas y horas moviéndose en el agua, cruzando la tina y alternando con inmersiones de buceo en la profundidad de la piscina.

El punto de pase

Hola, mi nombre es Vanessa y tengo 19 años. Soy hija única. Mi madre falleció cuando tenía 8 años y desde entonces ha sido mi padre quien se ha encargado de mí. Supongo que para un hombre resulta incómodo criar sólo a un hijo, sobretodo, cuando es del sexo contrario. Explicar la menstruación, enseñar a utilizar las toallas sanitarias o comprar el primer sostén crea situaciones bastante embarazosas (aunque cómicas); pero esas mismas situaciones crearon un lazo de confianza mutuo.

Comprenderán que por la misma razón, mi padre solía ser muy discreto y reservado para los temas sexuales; razón por la cual, creo, me inscribió en un cole sólo para señoritas que es dirigido por monjas. Como ya se habrán imaginado, el tema de la sexualidad era tabú y crecí con una idea muy vaga de lo que era el sexo. No me malinterpreten. Me habían explicado cómo se hacen los bebés y todo ese rollo, pero en general, el concepto del placer me era desconocido.

Rebeca venía de la capital del país, sus padres eran divorciados y su madre la abandonó, junto con su hermano, al lado del padre para irse a Estados Unidos. Solía ser muy rebelde, las faldas del uniforme solía llevarlas muy cortas y usaba calcetines al tobillo, lo que hacía que sus piernas se vieran muy provocativas. Ejerció una admiración tal en mí, que pronto me hice su amiga. Me enseñó a fumar (ella solía robar los puros de su padre), a beber; con ella aprendí a maquillarme y vi mi primer peli porno.

Por esa época la relación con mi padre se había deteriorado un poco, pues me di cuenta que salía con una mujer y me resultaba difícil aceptarlo. Así, comencé a faltar a clases, pues Rebe y yo nos íbamos a los parques o a la casa de ella o a la mía en donde nos sentíamos libres e importantes. Como consecuencia, mi promedio académico comenzó a bajar de manera preocupante. La directora del cole mandó llamar a mi papá y al enterarse este de todas mis faltas amenazó con enviarme al internado. El internado se situaba en un pueblo, lejísimos de cualquier cosa que se pueda considerar civilizada. La idea me aterró y comencé a estudiar para no reprobar; también dejé de faltar al cole, situación que agrió un poco mi relación con Rebeca, pues se sintió relegada.

Ese olor a conchita

Vivo en Santiago de Chile, tengo 38 años, casado, mi mujer tiene 35 Años, con nosotros vive su hermana menor que tiene 20 años, es bien menudita, mide 1.58, delgadita, tiene una tetitas muy pequeñitas, pero está bien.

Ella estudia acá en Santiago, hace 2 años que está en nuestra casa, con ella tengo buena onda, y casi siempre los fines de semana alquilamos algún dvd, o a veces escuchamos música, ella no bebe, así que yo tomo mis cervezas, a veces los fines de semana, cuando ella no estudia nos quedamos hasta altas horas de la noche charlando o viendo TV.

Pero yo la miraba como una hermana chica hasta hace poco, un sábado que mi mujer le tocó trabajar, y mi cuñadita tenía que ir a dar un examen, se levantó como a eso de las 09.00, se duchó y se puso ropa limpia, y después de desayunar salió rumbo a su instituto, yo quedé solo en casa, así que me levanté a orinar, desnudo ya que acá estamos en verano y hace mucho calor en esta época, y como no había nadie en casa me levanté así no más, estaba con esa típicas erecciones mañaneras que amanecemos a diario, cuando entré al baño y me desahogué orinando, veo en el cesto de la ropa sucia destapado, y encimita, sus calzones, los que había usado el día anterior.

Estaba de la forma cuando ellas se los sacan, así como enrollados y justo con la parte interior hacia arriba, estaban medios húmedos, los tomé y los desenrollé, los llevé a mi nariz, y sentí ese olorcito a conchita tan rico, mi pene que se había relajado, se paró de una, no dejaba de oler y oler esos calzoncitos tan ricos, su aroma de mujer estaba impregnado en esa prenda.

Fetichismo en transportes públicos

Hola me llamo Susana, soy una chica de 22 años, rubia, de ojos azules, culo respingón, tetas firmes y redondas, las cuales no necesitan para nada del sujetador, piernas firmes y torneadas, por todo esto me gusta vestir de forma cómoda pero a la vez sexy, ya que me encanta que se noten a la perfección mis curvas, ya que me excita sentir las miradas de los hombres en mi cuerpo, y como me devoran con

Los esquisitos pies de Luciana

Le daba la mejor chupada de pies que había hecho en mi vida, y mientras lo hacía comencé a pajearme furiosamente a lo cual ella reaccionó y me sacó los pies de la boca y comenzó a pajearme con ellos

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