Fantasías

Las historias más excitantes, fantasiás porno caseras.

La isla desierta

Viajábamos en un crucero, ella morena pelo liso y largo hasta donde termina la espalda, unos preciosos ojoso color miel, mediría alrededor de 1,65 sus medidas calculo que rondarían las 100-63-95, de pechos firmes y redondos, su hermoso culo hacía a cualquier hombre quedarse sin aliento respingón pequeño y redondito, la chica tendría unos 25 años aproximadamente. Vestía una camiseta de tirantes blanca, la cual dejaba ver su apetitoso ombligo y una larga falda azul claro, unos lindísimos zapatos con tacón de aguja blancos.

Yo mido 1,68 de ojos marrones oscuro, pelo castaño tan claro que parece rubio, de cuerpo atlético, vestía pantalones y camisa. Paseando por cubierta descubrí que su nombre era Rocío.

Pasado los días una noche el barco naufragó, desperté en una isla aparentemente desierta; a lo lejos vi un cuerpo, me acerqué y cual fue mi sorpresa al ver que era Rocío. Me incliné sobre ella, le hice masajes de reanimación, después le hice la respiración boca a boca, cuando me di cuenta ella me estaba dando el beso más tierno y dulce de mi vida, ella con su lengua empujaba mis labios hasta lograr entre abrirlos e introducía su lengua en mi boca, la notaba chocar con mi lengua y dientes yo por mi parte hice lo mismo con su boca, mientras le acariciaba sus pechos y ella acercaba mi cabeza a la suya con sus manos. Terminado el beso nos pusimos en pie, teníamos las ropas hechas jirones pero eso no nos importó lo más mínimo, nos presentamos diciéndonos los nombres de cada uno:

-Me llamo Rocío- Dijo ella con la voz más dulce que había oído jamás.-Yo me llamo Diego- Le respondí yo sonriéndola algo avergonzado.

Nos cogimos de la mano y recorrimos la isla entera, nos cercioramos de que era una isla desierta, nos hicimos una pequeña cabaña en la playa, justo en el lugar donde la encontré.

En la tienda de ropa

Creo, que después de leer muchos relatos de esta página, durante meses, pensando que eran fantasías o falsedades de sus visitantes, el destino quiso demostrarme que quizás muchos de ellos sí que eran verdad.

Soy un hombre casado desde hace 6 años. Un sábado por la tarde acompañé como muchos otros sábados a mi mujer al Zara a comprar ropa. Ella tiene la costumbre de querer que entre con ella en el probador para decirle que me parece el modelito que se prueba. Siempre le pido que vayamos temprano, sobre las 4 de la tarde más o menos para evitar aglomeraciones.

Aquel día cogió bastante ropa y nos dirigimos hacia el probador. Yo ya me resigné para pasar un buen rato aburrido detrás de la cortina que debería sujetar para que nadie pudiera verla desde fuera.

Dada la hora había sólo un probador ocupado, a lo que mi mujer respondió dirigiéndose al otro extremo de los probadores. Al ver mi cara de asqueo por repetir siempre el mismo ritual y al haber un taburete en el probador, me perdonó el tener que sujetar la cortina.

-Siéntate si quieres, puede que tarde un poco y total estamos solos.- me dijo.

Tras varios cambios de prendas, y alguna exhibición de pecho por parte de mi mujer (lo hace a menudo en el interior de los probadores), pude ver como una chica joven entró en el probador de delante nuestro. Los dos probadores estaban en el extremo del fondo de un pasillo, uno delante de otro. Yo estaba sentado en un taburete en la esquina interior con la espalda apoyada en la pared que era la continuación de la del fondo del pasillo.

Mi mujer al entrar corrió la cortina lo máximo que pudo hacia la entrada del pasillo (para tapar ángulo a quienes podían entrar al pasillo), dejando cerca de un palmo descubierto por el lado de la pared del fondo. La recién llegada tuvo la misma reacción, con lo cual, al estar yo pegado a la pared, por el espacio de la cortina de mi mujer y de la recién llegada podía ver perfectamente la joven, y su reflejo en el espejo.

El lo es todo para mí

Después de leer los relatos que aparecen en esta página, me animé a relatar una de mis vivencias cachondas. Empezaré por decirles que no soy una de las bellezas que describen en la mayoría de los relatos, a veces hasta considero que muchas son producto de la imaginación del mismo autor, pero en fin… cada quien con lo suyo.

Soy baja de estatura, de complexión mediana, cabello castaño oscuro, ojos pequeños de color café, boca grande y carnosa, de piel blanca. ¿Mis atractivos visuales? Un par de senos grandes con su aureola a la medida y unos pezones que se erigen como pequeñas montañas cuando estoy excitada, un culo que es una envidia, muy firme y con un orificio que aprieta ante la presencia de algún invasor y que invita a ser usado, un par de piernas macizas y bien contorneadas y unas manos pequeñas, pero suaves que fueron hechas para tocar… y para terminar, mi boca, carnosa, húmeda y ávida de mamar… Mi nombre es Haydee y soy la amante de un hombre casado que se llama David. Ambos vivimos en California, USA. Él lo es todo para mí y mucho más.

Desde el inicio de la semana sentía a David muy cachondo, sus miradas furtivas me lo decían, su voz baja y pausada me erizaba la piel cuando la escuchaba, todo me hacía pensar que estaba preparando “algo” para ambos y todas mis dudas se despejaron al finalizar la semana, cuando tuvimos una reunión de trabajo, y me envió un correo electrónico dándome indicaciones de que me quitara las bragas para la reunión y que pensara en el transcurso de la misma que no traía y que después de la reunión me fuera a comprar una ropita muy sexy, en una boutique que a él le encanta porque venden ropa y calzado para las chicas que trabajan en los table dance, que le pidiera a la dueña de la boutique que me tomara fotos con una cámara digital y que al finalizar se las enviara por correo. Por supuesto que el sólo leer su correo me tenía más que mojada y excitada. Hice todo lo que me pidió, no sin antes masturbarme en el baño mientras estábamos en la reunión de trabajo lo cual le hice saber en otro correo.

Con mi novio al teléfono

Hola, me llamo Sandra, tengo 31 años, estatura mediana, ojos verdes, cabello castaño, delgada, unos senos grandes y una cola que atrae las miradas, lo que les voy a contar comenzó hace 6 años cuando trabajaba para una oficina de cobranzas.

Todo transcurría normal en mi vida hasta que un día mi mejor amiga, que trabajaba conmigo, me contó que había conocido por teléfono a un tipo al cual le debía cobrar un dinero de una deuda hipotecaria, y que vivía en otro país. Él llamó varias veces tratando de negociar el pago hasta que ella le dio el número de su celular debido a la familiaridad con que la trataba.

Estábamos compartiendo en un café, en horas de la noche, cuando el tipo llamó a mi amiga, la cual no pudo contestar el teléfono porque se encontraba en el baño, yo contesté quedando impactada por esa voz a través del teléfono, charlamos un rato mientras ella llegaba, al paso de 2 o 3 días la que recibió la llamada fui yo y quedé sorprendida porque él había conseguido mi número de teléfono.

Así comenzó una amistad que se fue volviendo más fuerte tras sus llamadas diarias, llegando al punto de que nos enamoramos y compartíamos mucho hasta tener sexo telefónico, en el que dábamos rienda suelta a nuestra imaginación masturbándonos día a día y a cualquier hora, pero allí no termina todo, mejor dicho allí es donde inicia una gran historia de sexo, locuras, placer y por supuesto amor.

Con el maestro albañil

Hola, mi nombre es Ana’lu. Tengo 18 años y les relato alguna de mis primeras experiencias relacionadas con el erotismo. En mi casa se les ocurrió la idea de convertir el cuarto de servicio que tenemos al fondo del patio trasero en un mini-spa, por lo que había cinco albañiles trabajando ahí colocando el mosaico y el jacuzzi entre otras cosas.

El sueño que no te conté

Estoy despertándome poco a poco, tomando consciencia de mí, de mi desnudez y mi erección, dándome cuenta, poco a poco, que la culpa es tuya, pues te estás esmerando con la mamada con la que me estás dando los buenos días, no necesito abrir los ojos para saber que eres tú, no preguntes por qué, pero lo sé, no necesito abrir los ojos, ni pienso hacerlo, voy disfrutarla cuanto pueda, voy a saborear t

Desde la penumbra

Llegó sobre las ocho de la tarde y, como cada día, entró directo a su habitación. Había regresado antes de lo previsto de mi viaje así que estaba en la bañera intentando relajarme del estrés del trabajo, por lo que no me di cuenta de su presencia hasta pasados unos minutos. Me sequé rápidamente deseando salir a su encuentro y preguntarle cómo le había ido el día.

Un cuento para compartir

Era una noche fría, a pesar de estar en pleno mes de octubre, pero eso es común en las sierras de Córdoba (mi provincia), había llegado hasta allí junto con un grupo de compañeros para realizar un estudio acerca de las condiciones sanitarias de este pequeño pueblo, como nos iba a llevar varios días pedimos permiso para pasar las noches en un convento que queda en las afueras del pueblo, esta era l

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