Viuda de Valencia

La historia que hoy les voy a contar, sucedió el pasado año en el mes de marzo, en plena celebración de las tradicionales fiestas falleras de mi ciudad, Valencia.

Como es tradición en mi grupo de amigos, en esos días de fiesta, siempre quedamos una noche para cenar, y después de la cena, hacer el recorrido por la ciudad para visitar y ver las mejores fallas. Pero como también esta siendo habitual en estas reuniones de amigos, donde asisten los amigos y amigas con sus respectivas mujeres o maridos, resulta que casi siempre aparece alguna amiga, prima, hermana o similar de alguno de los amigos o respectivos y que además resulta ser soltera, separada, divorciada o viuda…, para que el amigo “solitario” no esté solo… y si encima sale algo, mejor. Pues así ocurrió, que en la noche del viernes 17 de marzo quedamos en un restaurante que teníamos reservado las seis parejas de amigos, a los que yo me sumaba, y donde también vino Victoria, compañera de trabajo de la mujer de uno de los amigos.

Victoria era también viuda, de 47 años, y estaba algo llenita, de mediana estatura, y una media melena de color castaño tirando a rubio. Si destacaba por algo, además de sus algunos quilitos de más, más o menos bien repartidos todo sea dicho, era su indumentaria totalmente negra (era viuda, claro). La cena transcurrió con la normalidad de las cenas de amigos, con sus charlas, comentarios y evidentemente mi lugar estaba junto al de Victoria, por lo que estábamos obligados a hablarnos y conocernos algo mejor. Me comentó que era viuda desde hacía 5 años, que desde entonces siempre vestía de negro, en parte porque otros colores no le favorecían mucho, y disimulaba algo su ligero sobrepeso, además del luto que guardaba en memoria de su marido. Había dejado a sus hijos con los abuelos para poder tener plena libertad de movimientos en la noche, y así pues disfrutar de la noche fallera. Decir que la fiesta de las fallas se vive en la calle y siempre hay movimiento de gente y ambiente festivo en las calles de la ciudad.

Acabada la cena llegó la hora del recorrido nocturno, y ante las seguras aglomeraciones de gente, y animado por la alegría tras la cena, el comentario del amigo que suela capitanear los movimientos del grupo fue el de cada uno con su pareja y sin soltarse, no sea cosa que alguien se pierda. Yo miré a Victoria y ella simplemente me dijo que no le importaba que le cogiera la mano, además me dijo con voz algo más baja, que le gustaba ese ambiente de aglomeraciones, porque siempre hay alguien que a las gorditas le intenta tocar el culo, a veces se lo toca, y con voz aun más baja concluyó, y eso a mí me excita. Me quedé mirándola y le respondí que a ver si me lo tomaba como una invitación, a lo que me guiñó un ojo.

Llegados al primero de los monumentos falleros, y en el camino de circundarlo para verlo, y debido a la numerosa gente íbamos uno tras otro y apretados, yo detrás de Victoria y cogidos de una mano. Los empujones y presiones son constantes por lo que era inevitable sentir el contacto de su trasero sobre mí, circunstancia que no me desagradaba, y pienso que a ella tampoco. Cuando acabada la primera visita nos desplazábamos hacia la segunda falla, gracias al menor nivel de gente nos soltamos pero seguíamos uno al lado del otro conversando. Llegado al segundo monumento, y con nueva aglomeración otra vez cogidos de la mano y a soportar los apretones de la gente, yo tras Victoria, pero esta vez algo más atrevido, pues con la otra mano comencé a acariciar su trasero, a lo que ella respondió con un movimiento de la mano que cogía la mía a modo de agradecimiento y gusto. Tras salir de la segunda falla, ya no nos soltamos aunque el nivel de gente fuera menor.

Así recorrimos otros tres monumentos falleros más, con contactos entre los apretones, donde aprovechaba para acariciar sus nalgas y ella me respondía con los movimientos y apretones de mano y de vez en cuando con algún picarón movimiento de su culo, sino de alguna caricia de su otra mano sobre mi pierna en busca de mi algo excitado pene.

Sobre las 3 de la madrugada, llegó la hora de comenzar a retirarse y tomar cada pareja su camino, con lo que evidentemente tuve que ofrecerme a acompañar a Victoria a su casa, cosa que ella de buen gusto aceptó, añadiéndome en voz baja que tenía que apagar el fuego que había encendido. Tras despedirnos del resto del grupo tomamos a pie el camino hacia su casa, el cual comenzamos cogidos de la mano, pero que tras unos minutos cambiamos a cogernos por la cintura, y como una provocación más poco a poco fui bajando mi mano hasta volver a acariciar de forma descarada su maravilloso trasero, cosa que con una sonrisa cómplice Victoria también hizo con su mano.

El paseo duró unos veinte minutos, y llegados al portal de su casa, abrió la puerta diciéndome que la siguiera, y subimos por la escalera ya que vivía en el primer piso, y tras ella observaba su exagerado y provocativo movimiento de sus caderas que me llevaron a “ayudarla” en la subida apoyando mis manos en sus juguetonas nalgas. Entramos en su piso, y lo primero tras quitarnos las chaquetas fue abrazarnos y buscarnos nuestros labios para fundirnos en un beso intenso, entreabriendo nuestras bocas para que nuestras lenguas pudieran tocarse y juguetear en nuestras bocas. Yo inicialmente la tenía cogida por la cintura, y con el juego de nuestras lenguas fui moviendo mis manos hacia su espalda primero y luego hacia su culo para comenzar a acariciarlo y apretarlo. Victoria, sin dejar de besar y lamer mis labios y juguetear con mi lengua fue bajando sus manos que tenía inicialmente apoyadas sobre mis hombros por mi pecho hasta llegar a mi cintura, donde hábilmente buscó y encontró el cierre de mi cinturón, que tras desabrocharlo hizo lo mismo con mis pantalones, para acto seguido y con una mayor intensidad en su morreo buscar mi cada vez más excitado pene y acariciarlo lenta y suavemente.

Se detuvo para pedirme que fuéramos a su habitación, y por el camino comenzamos a desprendernos mutuamente la ropa, entre apretones besos y caricias. Me quitó la camisa y los pantalones, hice lo propio con su falda y blusa, para encontrarme a la entrada de su dormitorio con una rellenita ciertamente “muy viuda”, pues también su ropa interior era totalmente negra, sugerente eso sí, pero negra. Ya dentro de la habitación desprendí su sujetador dejando al aire sus dos maravillosos pechos, grandes y carnosos, muy apetecibles de tocar, cosa que hice mientras volvíamos a besarnos, acariciando y apretando esas dos tetas que tenían muy duros y erizados sus respectivos pezones. Mientras Victoria acertó a bajarme y quitarme los calzoncillos y yo bajé mis manos por su blanda y rellena barriguita para comenzar a bajarle las bragas. Como la tarea no era muy fácil, ella se separó de mí y se quitó tanto las bragas como sus negras medias, quedando así ambos totalmente desnudos.

La miré, era apetecible su redondeado cuerpo, y más con su muy pícara mirada de deseo. Se acercó y volvió a tomar mi pene para acariciarlo al igual que mis testículos. Fue haciendo crecer mi deseo y mi excitación, y mirando la evolución de mi ya muy duro pene llegó un momento que dijo… así me gusta que esté. Con lo cual sin soltarlo ni dejar de jugar con él, se arrodilló ante mí, lo soltó y con ambas manos me cogió por mis nalgas, abrió la boca sacando un poco la lengua, y alzando los ojos hacia mí y con una muy viciosa mirada alargó su cabeza para introducirse mi pene en su boca, comenzar a chuparlo y lamerlo. Estuvo así unos minutos, sin deja que me “escapara” por la forma en que me tenía sujeto. Lo hacía maravillosamente, mientras yo acariciaba su pelo y su cabeza.

Cuando se detuvo se levantó y volvió a besarme muy alocadamente para arrastrarme hacia la cama. Victoria se recostó y abrió sus piernas pidiéndome que la atacara. Me acerqué a ella y comencé a besar sus pechos, a lamer y chupar sus duros pezones, incluso mordiéndolos y estirándolos con mi boca. Bajé con mi lengua por su barriguita mientras sus pechos recibían el relevo de mis manos. Sus suspiros iban en aumento y empezaban a acompañarlos algunos gemidos de placer. Llegué a su entrepierna, carnosa entrepierna mordisqueando sus michelines. Abrí bien sus piernas para poder encontrar unos carnosos labios vaginales ayudándome de ambas manos para abrir ese algo peludo y caliente coño que tenía escondido entre sus carnes.

Estaba muy mojado y pude saborearlo con mi lengua que lo iba recorriendo de arriba abajo. Con mis dedos busqué su clítoris, y su descubrimiento se señaló con un fuerte gemido acompañado de un aumento en el fluir de su vagina. Con una mano dejé bien al descubierto su clítoris para poder chuparlo y lamerlo, mientras con mi otra mano comenzaba a jugar en sus labios menores y le empezaba a introducir mis dedos en su muy mojado orificio. Seguí chupando y lamiendo entre sus gemidos, y de vez en cuando le mordisqueaba su botoncito de placer respondiéndome con unos gritos de placer, hasta que me pidió que la penetrara.

Busqué la mejor posición para penetrarla abriendo más aún sus piernas y levantándolas un poco, mientras Victoria con un gesto de sorpresa y gusto tomaba mi muy endurecido pene para posicionárselo en la mojadísima entrada vaginal. Ya en posición comencé a introducirle mi miembro encontrando una muy caliente y mojada cavidad que hacía aumentar más si cabía mi excitación. Cuando llegué al máximo de penetración, comencé a moverme, y a disfrutar del espectáculo del movimiento de sus carnes en mis ligeras embestidas. Victoria jadeaba, gemía, chillaba acompasadamente a mis movimientos, hasta que noté que su cuerpo comenzaba a estremecerse y arquearse. La humedad de su vagina era inmensa y sus fluidos sobresalían notándolos en mis testículos. Fue su primer orgasmo, y me pidió que parara unos instantes. Yo aún podía aguantar algo más, y me pidió que me levantara que quería ponerse ella encima para cabalgarme.

Cambiamos de posición, me acosté y Victoria a mi lado continuó acariciando mi polla y mis huevos mojados por sus flujos. Me besaba ferozmente incluso mordiendo mi lengua, hasta que se incorporó para abrir sus piernas sobre mí y buscar la mejor posición para sentarse sobre mi pene. Lo tomó con su mano y poco a poco fue agachándose hasta que consiguió ubicarlo en su entrada vaginal. Así acabó de descargar su peso hasta que todo mi pene estuvo dentro de su vagina. Por el gesto que hizo, fue una penetración muy profunda. Suspiro dos veces, y comenzó a cabalgarme, primero muy lentamente. Yo puse una mano en su culo para apretárselo al ritmo de sus movimientos, con la otra mano hacía lo propio en sus pechos.

Victoria fue aumentando su ritmo, yo también en mis aprietes. Su aceleración era cada vez mayor, lo que me iba excitando sobremanera al ver también el movimiento de sus carnes y sus generosos pechos. Su ritmo se torno alocado, mis manos se centraron en ir apretando sus pechos y sus pezones, y ayudar su cabalgada con embestidas de mis caderas sobre ella. Victoria comenzó a chillar de placer diciéndome que se estaba corriendo nuevamente, yo apreté de forma más fuerte sus pechos pidiéndole que no cesara en su loco cabalgar, hasta que con todas mis fuerzas embestí con mis caderas lanzándole en su interior unas fuertes y densas descargas de semen sintiendo Victoria como mi durísimo pene se le clavaba en lo más profundo de sus entrañas y como le quemaba mi leche.

Sudorosos como estábamos aguantamos más de diez minutos en esa posición, aguantando su peso en mis caderas y el equilibrio sujetando sus pechos, hasta que poco a poco fui dejándola caer sobre mí, para volver a besarnos pero esta vez mas cariñosamente con la promesa de repetirlo más adelante, antes de quedarnos dormidos en un abrazo que duró hasta la mañana siguiente.