La hija de mi inquilina

Mi nombre es Julieta, tengo 38 años, estoy casada, y hasta hace poco tiempo solo me atraían los hombres, mi esposo Luis siempre me llenó sexualmente pero últimamente las mujeres me ponen a mil, y esta es otra de mis tan hermosas aventuras con una mujer.

Cuando compramos nuestra casa en el fondo del terreno había un pequeño departamento con patio al costado, en este patio construimos un cuarto más para usar de depósito de herramientas y de esos trastos viejos que siempre uno quiere guardar, una pequeña ventana lateral del dormitorio del pequeño departamento quedó entonces “encerrada” en el cuarto del que les hablo.

Hace dos años, para aumentar un poco los ingresos decidimos alquilar el departamento a una mujer y su joven hija Mariela que hoy tiene 18 años y un cuerpo que vuelve locos a todos los hombres del barrio. Su madre trabaja varias horas por día y ella pasa varias horas sola o acompañada con alguna amiga, las veo pasar por el costado de mi casa todo el tiempo. Muchas veces la visita Mariana, una chica algo mayor de unos 22 o 24 años que me contó conoció en el gimnasio, también con un cuerpo espectacular. Siempre me saluda muy atenta y sus ojos siempre me miran como comiéndome toda algunos días la veo pasar y me mojo algo.

Una tarde fui al cuarto de las herramientas a buscar unos clavos cuando escuché que Mariela gritaba algo que dejó helada.

– Así, siiii, chúpame bien la concha por favor.

Un terrible morbo se apoderó de mí, busqué una escalera, y me trepé a la ventanita para ver quien se estaba cogiendo a Mariela.

Mis ojos no daban crédito a lo que veían, la dulce Marielita estaba tirada en la cama, totalmente desnuda, con las piernas abiertas a más no poder y entre ellas, su amiga Mariana le estaba comiendo la concha desaforadamente, Mariela se retorcía de placer, se notaba claramente que estaba en medio de un orgasmo. Mariana le estaba enterrando la lengua, mientras con un dedo le frotaba el clítoris. Cuando los espasmos de Mariela cesaron, Mariana subió y se besaron muy dulcemente mientras se acariciaban las tetas, se daban pequeños pellizcos en los pezones y cada una refregaba el pubis contra el muslo de la otra. Yo miraba atónita la escena y mis jugos mojaban mi tanguita hubiera dado cualquier cosa por estar en esa cama.

Se veía que hablaban muy bajito, y que algo le pedía Mariana a Mariela quien fue bajando por el cuello de Mariana, se detuvo con su lengua en los pezones, los chupaba como si fuera un bebé alimentándose y Mariana se arqueaba hacia atrás, siguió bajando hasta encontrar la concha totalmente depilada de su amiga, la pendeja sabía lo que tenía que hacer le recorría la raja lentamente con la lengua, Mariana levantaba las caderas para no perderse ese placer. Mariela comenzó la recorrerle la concha con un dedo, mientras hacía esto se miraban, y hablaban, le metió el dedo índice en la concha con fuerza, entraba y salía y le seguía hablando, la mirada lujuriosa de Mariana era increíble, no podía ver la cara de Mariela. A esa altura yo estaba totalmente empapada, y frotándome la concha sobre el pantalón, jamás me hubiera imaginado que me masturbaría sobre una escalera.

El dedo de Mariela entraba y salía cada vez con más rapidez, y los gemidos de Mariana eran cada vez más fuertes, ahora los Siii, siiiii, asiiiiii se escuchaban con nitidez. De repente Mariela se detuvo y sacó el dedo de la concha empapada de Mariana para metérselo en la boca, Mariana se reía y le gritaba:

- Dale puta, no me dejes así, cogeme pendeja.

Mariela se recostó sobre Mariana, se notaba que apoyaba su pubis sobre el de su amiga, y comenzaron las dos a frotarse una contra otra, eso fue lo máximo, gritaban y jadeaban como locas, se insultaban, se pedían más y más, deben haber tenido 5 orgasmos cada una, y yo junto con ellas masturbándome en la escalera.

A partir de esa tarde, esa ventana fue mi obsesión, en la hora en que estoy sola en casa, ya que mi marido está en el trabajo y, vi muchas veces más a Mariela, pero no solo con Mariana, otras veces lo hacía con algunas amigas, de su misma edad. Todas esas adolescentes tan alegres que veía pasar por la tardes, se convertían en unas terribles hembras sexuales en ese cuarto.

Un fin de semana mi esposo Luis tuvo de viajar por un semana por trabajo yo estaba a mil serían como las 5 de la tarde del sábado, una tarde muy fría de invierno salgo al patio para ir hasta el galpón, llego y siento risas, subo a mirar y las veo a las dos comiéndose en la cama, hambrientas de placer, me acomodo para presenciar todo como siempre… y de pronto siento un voz que me deja helada como la fría tarde de invierno.

- Baja de la escalera Julieta ven y pasa, yo helada no sabía que decir, – Mira Mariela dije, ella me puso la mano sobre mi boca, entramos a la habitación, su amiga estaba parada, nos saludamos, juro yo no sabía que hacer.

Me acariciaron y me comenzaron a besar me abandoné por completo, cerré mis ojos, estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca, terminamos fundidas las tres en la cama planeando un nueva aventura.