Encuentro entre excompañeros de clase
Hola mi nombre es Glenda, y actualmente soy bibliotecaria. Tan recientemente como este fin de semana, después de varios años sin vernos, nos encontramos tres amigos míos Francisco, Hugo, y Luis. Teníamos varios años sin llegar a vernos y eso que vivimos en la misma ciudad. Al igual que a ellos, a mí también se me consideraba un gusano de biblioteca. Por lo que durante nuestros años de estudios universitarios, la mayor parte del tiempo lo dedicábamos a nuestros estudios y a participar del club de literatura.
Bueno, pero gracias a Francisco que me lo encontré por accidente en el mismo supermercado donde acostumbro a ir de compras, quedamos en reunirnos, y volver a revivir las interesantes tertulias sobre literatura. O por lo menos eso era lo que yo pensaba, así que finalmente los cuatro nos encontramos, en la casa de Hugo que resultó ser la más adecuada, según el mismo Hugo y Francisco. A medida que fuimos llegando me sorprendí al ver lo mucho que mis amigos habían cambiado físicamente. Ya no eran esos chicos famélicos, que parecían que se estuvieran muriendo de hambre, por lo menos Hugo y Francisco, ya que Luis siempre había sido como decía yo un gordito simpático, pero cuando lo vi, casi no podía creer que se trataba de él, había adelgazado, y se veía la mar de saludable. Pero al igual que yo los tres permanecían solteros, o por lo menos eso aseguran ellos.
Mientras que yo pensaba que estaba igual, pero sus comentarios me hicieron ver que yo también había cambiado algo, según los tres, para mejorar. Pero después de los saludos y recuerdos de nuestra juventud, de inmediato comenzamos a discutir sobre poesía moderna, cada uno de ellos tenía su propia y bien formada opinión al respecto, al igual que yo. Desde mi punto de vista, es algo atrevida y en ocasiones no deja nada a la imaginación al ser tan clara y específica en su manera de describir ciertas situaciones que en lo particular les confesé que hay ciertas poesías de esas que logran hacerme divagar.
Pero Hugo, el dueño de la casa después de servirnos unos cuantos cocteles, tomó un libro y comenzó a leer, se trataba de un párrafo de un autor decididamente erótico, en el que describía paso a paso el encuentro con su amada. Después de escuchar tales palabras, me sentí algo cohibida, pero de inmediato otro de los chicos se dio a la tarea de ir desmenuzando cada uno de los párrafos. No sé si sería la bebida que tomé o el tema del que estábamos hablando, pero comencé a sentir un calor por todo mi cuerpo.
Traté de ver todo desde un punto de vista, muy profesional, y mientras me tomaba el segundo trago que me había servido Hugo, comencé a realizar mi análisis sobre el tema, desde mi perspectiva femenina. Pero a medida que yo hablaba sentía ese sabroso calor por todo mi cuerpo, en uno de los párrafos describía el sentir de la amada, con el que yo me fui identificando plenamente. Quizás fue mi manera de expresarlo, pero al terminar de realizar mi aporte, los chicos de inmediato me felicitaron, por mi clara exposición, expresando su sentir por medio de un sin número de abrazos y elogios hacia mi persona. Pero de una manera tal que me sentí mucho más acalorada al sentir sus cuerpos unidos al mío.
Debido al calor que evidentemente sentía, Hugo caballerosamente me volvió a servir otro trago, mientras que yo me quitaba la chaquetilla del bléiser que estaba usando en esos momentos. A cada participación de algunos de mis tres ex compañeros de clases, me sentía como en mis años de estudios universitarios. Fue cuando Luis comenzó a describir en una poesía de no sé qué autor, lo que se siente con un beso. Yo la verdad como tenía tanto tiempo sin recibir uno, mi participación fue bien parca, y al Luis preguntarme el motivo de mi pobre participación, les confesé a los tres que desde que salí de la universidad me había dedicado tanto a mi trabajo, que tenía años que no sabía lo que era el beso de un hombre.
En ese instante me miró a los ojos y me preguntó si le permitía a él que me lo recordase, y quizás por lo que ya he dicho, acepté sin pensarlo. Cuando sentí los cálidos labios de mi amigo sobre los míos, casi me orino de la emoción, y no es que estuviera enamorada de Luis, ni mucho menos, es que hacía tanto tiempo que no sentía eso que la reacción no me extrañó, además sus brazos rodearon todo mi cuerpo, y pensé que hasta estaba a punto de desmayarme, pero justo en ese instante Hugo protestó, diciendo. No es justo para Glenda que nada más tenga una sola opción, entiendo que lo razonable es que pueda tener otras experiencias para que juzgue adecuadamente y sin que yo se lo impidiera ni Luis tampoco, procedió a tomarme entre sus brazos y besarme, pero con mucha más pasión que Luis.
Sentí sus labios sobre los míos y su lengua entrando suavemente dentro de mi boca. Para mí era algo casi nuevo, todos los vellos de mis brazos se erizaron, esa corriente que recorría todo mi cuerpo casi me deja sin respiración. Hasta que Francisco por no quedarse atrás, al terminar de besarme Hugo, dijo. Muy bien, pero para que Glenda realmente pueda tener una idea más clara de lo que es realmente un ardiente beso, deben dejar que yo se lo muestre. Yo me encontraba como drogada, en el fondo deseaba seguir con eso de los besos, por lo que cuando Francisco me tomó entre sus brazos, no opuse la menor resistencia.
A diferencia de Hugo y de Luis, Francisco, no se fue por las ramas diría yo, en el mismo instante en que me abrazó y comenzó a besarme salvajemente, sentí que una de sus manos se había metido bajo mi falda y sin demora alguna comenzó acariciar mi coño por encima de mis pantis. Recuerdo que abrí mis ojos de manera expresiva, pero eso fue lo único que pude hacer, ya que la suave caricia de sus dedos sobre mi coño, me desarmó completamente, no pude o mejor dicho no quise, ni tan siquiera intentar separarme de su cuerpo.
En medio de todo eso, cuando sentí que las manos de algunos de ellos, me desabotonaba la blusa y mi falda, continué dejándome besar por Francisco, sin tener en cuenta lo que sucedía a mi alrededor. Era algo grandioso, yo era el centro de atención de mis tres amigos y ex compañeros de clase. Mientras Francisco y yo nos seguíamos besando ardientemente, Hugo o Luis, soltaron el broche de mi sostén y como pudieron me han quitado las pantis. Yo estaba consciente de todo lo que estaba sucediendo a mí alrededor, y dentro de mi mente se desató una pequeña batalla, si dejarlos continuar o detenerlos, al fin y al cabo lo que ellos deseaban era únicamente era aprovecharse de mí. Pero cuando las caricias de los dedos de Francisco impactaron mi clítoris, me dejé de tonterías, y llegué a la conclusión que yo deseaba eso tanto o más que ellos.
Cuando abrí nuevamente mis ojos, ya los tres se encontraban prácticamente tan desnudos como yo, el sentir el calor de sus carnes pegadas a las mías, me hicieron querer dividirme en tres para disfrutarlos a todos a un mismo tiempo. Sus manos acariciaban cada rincón de mi cuerpo, incluso hasta entre mis nalgas, comencé a sentir una húmeda lengua que ricamente acariciaba mi esfínter. Mis pezones los chupaban incesantemente, mientras que unos ágiles dedos se introducían dentro de mi vulva, arrancándome sabrosos chillidos de placer.
En mi vida me había visto en una situación semejante, pero yo estaba como loca, deseosa de que continuasen sin detenerse. Hugo que fue el que me comenzó a pasar su lengua por entre mis nalgas, se las arregló para comenzar a dilatar mi esfínter, con sus dedos embadurnados en no sé qué, quizás en mantequilla como lo hicieron en la película “El último tango en París”. A medida que Hugo fue guiando mis nalgas sobre su miembro, sentí dolorosamente como me penetraba, pero cuando finalmente ya estuve completamente sentada sobre él, instintivamente comencé a mover mis caderas, ese tremendo dolor dio paso a un placer desconocido para mí hasta esos momentos. Sentía como me dejaba la piel ardiendo, después de que alguna de sus manos, me propinaba una sabrosa y ruidosa nalgada.
Luis no perdió tiempo tampoco y colocó su verga frente a mi rostro, nunca antes había tenido algo así frente a mis ojos, tan cerca de mi cara, si en una que otra ocasión me había acostado con algunos de los pocos novios que tuve en la universidad, pero el tener frente a mi boca su verga, me pareció lo más lógico que me pusiera a mamársela, por lo que sin reserva alguna la tomé entre mis dedos y comencé a pasar mi lengua desesperadamente por todo su glande, hasta que terminó metida dentro de mi boca, mientras que yo se la chupaba de manera insistente una y otra vez.
Francisco no sé cómo se las arregló, pero me clavó su miembro dentro de mí mojado coño, cuando lo sentí abriéndose paso dentro de mí, lo disfruté intensamente. En cierto momento me di cuenta que yo era el centro de esa orgía, como mis compañeros de clase me daban gusto y se satisfacían a la vez con todo mi cuerpo. Luis no se llegó a venir dentro de mi boca, chorreó todo su semen por mi cara, mientras que Hugo y Francisco me hicieron ver las estrellas, pero de felicidad.
Al terminar, me sentí algo rara, ya que no terminaba de sacarme Hugo su verga del culo, cuando me invitó otro trago. El que mientras me tomaba de un solo golpe, me fue conduciendo al baño, donde los tres se dedicaron a enjabonar todo mi cuerpo y darme nuevamente otra ración de sus vergas. Al día siguiente, cuando desperté estaba completamente llena de semen por todas partes, tanto mi culo como mi coño al igual que gran parte de mi rostro mostraba lamparones secos, yo por un momento me sentí completamente desconcertada, pero rápidamente me acordé de todo lo sucedido, y aunque sentí algo de vergüenza, decidí ir al baño para asearme.
No había terminado de salir cuando Hugo el dueño de la casa, me abordó nuevamente, ya no estaba medio borracha, pero al él pararse frente a mí sin nada de ropa, fue una invitación a continuar disfrutando de lo que habíamos estado haciendo durante la noche. Con la mayor naturalidad, me acerqué a él, me agaché y me llevé su verga a mis labios. Pero a medida que se la estaba mamando él se fue colocando sobre mí, su cara dio directamente sobre mi coño, sus dedos los sentí como se enterraban entre mis nalgas mientras que su boca chupaba deliciosamente toda mi vulva.
Ya tenemos fijado que para la próxima semana nos volveremos a reunir los tres, para seguir con nuestras charlas sobre literatura moderna.
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